¿Quien otorga los premios?
La Academia Sueca, una entidad cultural fundada el 20 de marzo de 1786 por el rey Gustavo III de Suecia, cuyo objeto, como el toda academia de este tipo, es velar por el idioma y la literatura del país. Al parecer, la intención del Monarca era en un principio que la institución la integraran veinte miembros, «por ser la mitad del número de académicos que forman la Academia Francesa, pero finalmente se decidió por dieciocho debido a que la palabra sueca que denomina esta cifra sonaba mejor».1
Para la época de la muerte de Alfred Nobel (1896) era una pequeña institución literaria de provincia –Suecia no es la cuna de las letras precisamente– a la que se le otorgo la responsabilidad de otorgar lo que con el tiempo se constituiría en el reconocimiento más prestigioso al que puede aspirar un escritor. Entre sus miembros hubo incluso quienes no quisieron aceptar esta responsabilidad. De marcado carácter conservador, rechazó los que hoy son considerados grandes modernizadores escandinavos: Ibsen, Brandes, y Strindberg. Empezamos mal, una entidad tradicionalista encargada de buenas a primeras de laurear lo que por antonomasia se reconoce como contestataria, la literatura.
«En los primeros tiempos los escritores estaban en minoría, siendo la mayor parte de los académicos altos funcionarios. La primera mitad del siglo XIX fue la época de los poetas en la Academia, mientras que la segunda mitad se caracterizó por una importante presencia de personalidades del mundo científico, especialmente historiadores y lingüistas. Durante el siglo XX aumentó el número de escritores hasta llegar a representar, a finales de siglo, más de la mitad. La nómina actual de académicos incluye también lingüistas, teóricos de la literatura, historiadores y un jurista».2 Solamente siete mujeres han ocupado una silla en toda la historia de la institución.
Internamente la Academia elige sus nuevos miembros por votación y previa aprobación del Rey, lo da a conocer. El cargo es vitalicio e irrenunciable, si por algún motivo uno de los integrantes quisiera marginarse, pasa a ser inactivo pero solo es remplazado hasta su muerte.
Criterios de entrega.
Los premios de literatura se rigen por una vaga indicación que se lee en el testamento de Alfred Nobel: «[...] a la persona que haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la literatura [...]» es decir, la Academia no podría dárselo a quien se le diera la gana sino a aquel cuya obra tuviera un marcado tinte idealista. El problema es definir tendencia idealista.
Durante los primeros diez años se interpreto como todo lo opuesto a lo moderno, tomándose moderno como materialismo filosófico, anarquismo y sensualismo; esto descarto de un plumazo autores de la talla de Tolstoi y Zola –indignación mundial– pero puso en la palestra a otros, como el británico Rudyard Kipling al que algunos consideran como candidato casi perfecto, por ser un abanderado de la fe, las leyes y la disciplina. Mientras la literatura se distinguía por ser rebelde, sus premios destacaban por conservadores.
Con la Primera Guerra Mundial el Premio (que no se entrego en 1914 ni en 1918) le dio cierta relevancia a los escandinavos, más que por sus dotes artísticos, por evitar alienarse con uno de los bandos, no obstante, el ganador de 1915 era francés.
Ya en la primera Posguerra la Academia Sueca se renovó y empezó a tomar ideal como popular, lo que hizo que sus premios tuvieran muchas más aceptación entre el público. Fueron épocas doradas para los hacedores de best seller (Dan Brown hubiera sido un serio aspirante, como lo fue Margaret Mitchell autora de Lo que el viento se llevó).
Fue hasta los setenta cuando a lo popular se le añadió lo útil, el ganador debiera distinguir por aportes a su género literario, idioma o cultura. Se abrió la puerta a los escritores de todo el planeta. Incluso se señala que las traducciones en ediciones de 18 ejemplares fueron determinantes para tomar algunas decisiones. Fue en esta década cuando se aclaró por escrito que el premio no era al mejor escritor del mundo «algo así no existe», sino «a uno muy bueno».
Si bien las reglas del premio dicen distinguir una obra del año inmediatamente anterior, (a lo Pulitzer) generalmente se premia toda una vida, lo que no impide que alguien pudiera ganar el premio dos veces –Mann lo gano en 1929 y fue un fuerte candidato en 1948–. Además no se requiere ser literato, entre los galardonados hay historiadores (Theodor Mommsen), filósofos (Bertrand Russell y Henri Bergson) y hasta políticos (Churchill, de reconocidos méritos pero con el pecado de estar en activo). No obstante, Freud fue descartado por “científico” lo que es una paradoja ya que hoy la opinión reinante lo ve mas como escritor que como científico.
Siempre que sucede una elección llueven críticas sobre Estocolmo pero la decisión es absoluta y secreta, durante 50 años ninguno de los académicos hablará sobre la decisión.
El proceso.
«Las personas con derecho a proponer candidatos al premio son los miembros de la Academia Sueca, miembros de otras academias y colectivos con tareas similares, catedráticos de materias lingüísticas y literarias, personas a las que anteriormente les ha sido otorgado el Premio Nobel de Literatura, así como presidentes de organizaciones de escritores que son representativas de la producción literaria de su país.
La propuesta de candidatos al premio del año en curso debe estar en posesión de la Comisión Nobel el 31 de enero. La propuesta debe, aunque no es condición indispensable, contemplar las razones por las cuales habría de ser considerada. Es improcedente presentarse a sí mismo como candidato, ya que el premio Nobel no puede ser solicitado. Las propuestas recibidas cada año rondan habitualmente la cifra de 350.
La Comisión Nobel examina las propuestas durante la primavera y en el mes de abril presenta a la Academia una lista preliminar de unos veinte candidatos, que queda pendiente para su aprobación. A la llegada del período estival, la lista de candidatos suele quedar reducida a unos cinco nombres.
La Academia Sueca toma su decisión en octubre. Para que la elección sea considerada válida, uno de los candidatos debe haber recibido más de la mitad de los votos.
El ganador del Premio recibe el importe del premio, aproximadamente un millón de euros, de manos del Rey el 10 de diciembre en la Sala de Conciertos de Estocolmo».3
Los sempiternos finalistas.
- Paul Valéry fue el eterno finalista en los treinta. En 1945 se lo iban a otorgar pero murió y el premio le correspondió a Gabriela Mistral.
- Sartre lo ganó en 1964 pero lo rechazó. Diez años mas tarde, en 1975, intentó reclamar el dinero.
- Kafka y Proust, hoy mundialmente reconocidos, eran apenas de interés local al momento de su muerte. Por eso, nunca fueron tenidos en cuenta.
- Jorge Luis Borges estuvo a punto de ganarlo en 1967 pero sus públicas simpatías hacia el dictador chileno Augusto Pinochet lo impidieron.
- Máximo Gorki, vetado en 1928, delito: bolchevique.
- Mario Vargas Llosa. Se cree que su marcada tendencia de derecha es la culpable de que siempre suene como laureado y nunca gane.





